Un dia cualquiera, paseando por el centro concurrido de la ciudad.
Mucha gente a mi alrededor, mucha, demasiada, cada uno a lo suyo, pasan por mi lado como si fuera invisible, me dan prisa si les estorbo para hacer la foto, me golpean con un carrito de niño y parece que no merezco ninguna disculpa, un niño choca conmigo y se pone a llorar mientras la madre lo consuela y me mira como si fuera culpa mia, y de repente ocurre….
Sí, ocurre!!!
Esa sensación de que soy muy pequeña. Muy pequeña. Micróscopica. Infinitesimal. Tomo cuenta de la grandiosidad de lo que me rodea y de mi propia pequeñez. Me sobreviene esa sensación de soledad, que empieza muy pequeña en el estómago y va creciendo a oleadas mientras se propaga por todo el cuerpo hasta que me inunda una congoja total que me deja paralizada.
Es como una especie de orgasmo pero de amargura.
En ese momento no puedo hacer nada, me cuesta respirar porque parece que una mano interior me oprime fuertemente la garganta. Me detengo donde estoy porque las piernas no me obedecen y las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas sin freno.
Quiero desaparecer, dejar de pensar y no puedo.
Con esfuerzo, abro la boca intentando forzar la entrada de aire y lo consigo, vuelvo a sentir poco a poco los latidos del corazón que había dejado de oir. La sangre vuelve a correr y ya puedo moverme. Ya ha pasado. Poco a poco vuelvo a recobrar mi normalidad salvo por las lágrimas que han mojado mi cara y mi camiseta. Nadie se ha dado cuenta. Nadie. Si, veo que alguien se ha dado cuenta: 3 niños me señalan con el dedo mientras se rien a carcajadas. ¿Qué sabran ellos de la vida?
Empiezo a andar, todavía con el eco de esas carcajadas burlonas en mis oídos. Ya ha pasado todo. Vuelvo a ser una hormiga entre la multitud y a sentirme más sola que nunca, pero me siento viva… viva…. VIVA…..
Soledad, maldita soledad !!!!!!!!!

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